Sentadita en la banqueta, acomoda su mochila cargada de lienzos, pinceles y pinturas. Se dispone, con cuaderno en mano, a escribir una reseña de todo lo que observa. Frente a sus ojos en medio de un mal formado círculo de personas, aquel hombre con el rostro maquillado en blanco y sombrerito chistoso; agita las manos y habla a través de sus guantes percudidos de polvo. Leer el artículo